sábado, 4 de noviembre de 2017

MANZANAS



















Se le cayó la manzana

Se agachó sobre la huella,
sangrando
por dentro, y como diciendo
chala, overa, pelo, grueso, suelo,
almidón


Había un señor mirando hacia la tela celeste
recostado sobre cañas pasadas,
y arrodillados en el charco
los caballos de oro horroroso,
lamiendo pies, Y
de lo contrario hechos Y


Me vi cruzando mi propia
voluntad, con el cierre del sino
que había dado
aquel que va a cruzar: ni manzana
ni tiempo


José Villa, Escombro, Club Hem, 2016.









La huerta

He soñado
con el éxito.
He alimentado

la ambición.
He cambiado
noches de sueño

por horas de trabajo.
Ah, y he descubierto
cómo el brote suave

se convierte en fruta verde
que se convierte en fruta dulce.
Ah, y he descubierto

que todos los vientos son fríos
al final
y las hojas

tan lindas, tantas,
se evaporan
en el gran

envoltorio negro del tiempo
en el gran envoltorio negro
del deseo

y que la madurez
de la manzana
es su caída.


Mary Oliver, El pájaro rojo, versiones de Natalia Leiderman y Patricio Foglia, Caleta Olivia, 2017.









Cuando no hablaba

la palabra dispuesta en una cesta
la primera manzana



No encuentro el color, la línea.



Eso que llamaron lenguaje del arte,
hundió su risa ronca
en la de un principiante.



Eso que se llamó lenguaje
atrae ahora su dicha
parecida a un sexo dibujado: una manzana,
perfumada, brillante, desnuda...



Pero todavía no le explicaron
que es el sexo un dibujo.



No sabe y deja que vuelva
para quien vuelve a leer
la sombra de un balbuceo sobre sí.



Como en el sueño: la emoción de encontrarse
allí
con una noticia de sí mismo.


Arturo Carrera, Vigilámbulo, en Vigilámbulo. Poesía reunida, Adriana Hidalgo, 2014.










Hay cosas fáciles de contar.
Por ejemplo:
cuántas manzanas hay sobre la mesa.
Y más:
cuántas rojas, cuántas verdes.
Todo es sencillo mientras el sol
no apunte a lo indecible
y proyecte sombras.
Yo no sé
si la sombra de una manzana cuenta como sombra
o la sombra de una manzana cuenta como manzana.
A esta hora, quién sabe
cuántas manzanas hay.
Cuántas rojas, cuántas verdes,
cuántas manzanas negras sobre la mesa.
Ah. Las manzanas negras.
La cosa se complica cuando hay sombras.

Yo caminé hasta apretar mi corazón.

Alguien dirá que esto no cuenta como muerte.


Valeria Pariso, inédito.
















lunes, 30 de octubre de 2017

PLAZAS





















Plaza de Mayo, 20 de diciembre de 2001


I

Esta plaza tiene algo irreal
lo sospeché desde mi infancia
como si los autores
de los manuales escolares
se hubieran puesto de acuerdo
en la lluvia y el barro
en la moda de 1810
o en French y Beruti
como Batman y Robin.

Lo crucial no era más
que esa lluviosa figurita
comprada por centavos
al librero de la esquina
calcada torpemente
del Kapelusz
recortada del Billiken
a golpe de tijera
y pólvora de tiza.

¿Pero qué había de fundamental?
¿Qué significaba la palabra revolución?

Mayo era fácil, porque gris
era un color y otoño
el frío que empezaba por las piernas
el cumpleaños de mi padre
olor a chocolate igual a fiesta patria.

En cuanto a revolución
algo tenía que ver
con las interminables alas del Cabildo
pero en lo más ciego de mis ojos
yace el primer encuentro
con los muñones brutales del edificio.

De esa mutilación, como de una costilla
no sé qué fe maltrecha
nacería.



II

La misma plaza, hoy
a punto de verano
pisoteados sus arriates
en lugar de aquel barro

gente con no sé qué
comunión en su diversidad
la ciudadanía en los hombros
curiosa y asombrada
como niño a babucha
y cuentas de festejos
del tanto mirar para otro lado
del sírvete que hay más.

Qué hago aquí, me pregunto.

Pantalón corto y claro
sandalias cómodas, por si hay que correr
sándwich a dos cincuenta por mazamorra de negra
mochila al hombro roja, anteojos de sol…

Pero qué instinto me llama a atestiguar
para volverme otra mancha incomprensible
de futuros manuales escolares
entre la multitud que la montada
y los hidrantes amenazan.

Y no lo sé:
he venido
como a una catedral
a tratar de creer en Dios.



III

El gas quema la garganta
me uno al éxodo
con lágrimas de bautismo
y apenas comprendo
que no se trata de huir:

es una romería que me arrastra
en su silencio embrionario
lo interrumpen las toses
como una plegaria
pero el ruego no sabe
dónde confiar su fe.

Entonces
la avenida de Mayo
se vuelve una visión
torpe de nitidez, como los sueños
mi silueta me abandona
se suma a la procesión como una peregrina más
entregada a ese sueño sin constancia
deambula entre lapidaciones y disparos
y humo y grito
a paso lento, lento
como si no fuera dueña
de los propios contornos
y sus músculos desdibujados
no tuvieran miedo a la emboscada
en cada bocacalle.



IV

Fue en Hipólito Yrigoyen o en Alsina
donde una pareja le ofreció vinagre
para calmar el ardor en los ojos
le regalaban incluso el pañuelo, pero ella
(podía pensar en ese momento cosas así)
no quería ser la extraña que se llevara algo
que jamás recuperarían.

Siguió caminando
tuvo tiempo para volver sobre sus pasos
y recoger unas monedas
que se le habían caído, y en ese ruido
de las monedas contra el piso
oyó también el plomo que (después se supo)
eran los muertos multiplicándose
en distintos puntos de la ciudad y del país.

Poco más tarde experimentó algo increíble
cruzar la 9 de Julio fue pasar a otra dimensión
tuvo que ser así de metafísico
porque ahí nomás un tipo le dijo: ¡Lindas piernas!
porque no demasiado lejos
frente a la Facultad de Medicina
esos matasanos festejaban sus títulos
extraterrestres en carnaval de harina
como cerrar los ojos
como tirar el pan.


Silvia López, Cartografías, Huesos de Jibia, 2008.









La plaza


De la plaza salimos separados.


Estuvimos ahí
horas gritando y cantando.
Te miré
mientras el brillo de tus ojos se hacía líquido bajo las luces.
En el cabildo estaban proyectando 
las preguntas que hoy nos convocan.
Tu cuerpo se alza detrás de la proyección 
como si las letras te barrieran,
un escaneo que indaga lo que tenés para decirme
vos, entre tantos;
algo que sea para mí, algo que no nos separe.


Hablábamos y entraste en un loop
de generalizaciones y fechas,
sé de tus buenas intenciones pero
prefiero el diálogo que se va edificando con inocencia
citando solo para apuntalar las ideas frescas o a medio cocinar 
que brotan entre trago y trago
entre pico y pico; el tuyo parlanchín 
el mío cobijando saliva con gusto a cerveza
y en una caja de terciopelo plegada
mi lengua y un bostezo que reprimo
para soltarlo de costado por pura gentileza.


Un hombre necesita acumular fechas, saberes 
conocimiento periodizado,
un par de ideas originales para lucirse 
y un montón de data digerida ya por otros hombres.
Capas de fino concreto que protejan 
al frágil cascarón, polluelo tierno
de la cruel mirada crítica de sus congéneres
repetir, citar
no gestar
no dudar
qué embole.




A la plaza llegamos juntos pero nos fuimos separando.


Sentir que el propio movimiento me va corriendo de lugar 
entregarse al vaivén, al flujo de las cosas
no importa si empezás en la línea D y terminás en la A.
Elijo no pensar las cosas como fijas;
no se trata del contenido
lo que no tolero es la estructura,
ese mirador rocoso
afianzado con hechos indiscutibles y cinismo.
Prefiero una precaria atalaya de leña verde
flexible, endeble
en constante transformación,
que vuele liviana, que ondule; 
no que se ancle
no que se asiente.




En la plaza estábamos juntos por abajo y separados por arriba.


Tomar distancia de las cosas aun estando en ellas
un dron sobrevuela mirando 
quién soy hoy, quiénes somos
qué significa esta escena en la que vos
hablás, hablás, hablás
y yo
te presto atención con una parte de mi cerebro
y con otra asocio,
resbalo
resbalo
y no te escucho.


Subidos a los palos de luz
y arriba de los puestos de diarios
están los pibes.
Ellos saben cómo trepar con rapidez
suspenderse en lo alto y ver lo que quieren de manera completa.
Sí, hay peligro de calcular mal
caer de espaldas o electrocutarte,
pero asumir ciertos riesgos es la forma de ver todo el dibujo 
y que no te la cuenten.
Ese potencial flamea por encima de las cabezas de todos,
la belleza de miles de deseos condensados
es la fuerza de acción de una plaza llena.
Esa imagen guardada en el corazón o en un archivo
única gloria posible frente a la posverdad,
el conteo deficiente y la cobertura 
de los principales canales de aire,
la forma 
en que se disponen las palabras en el zócalo
para crear una noticia.




Esa vez nos fuimos de la plaza más solos que cuando llegamos.


A veces,
engañar al espíritu con la cercanía,
acostarse uno junto al otro,
no significa a la larga y en verdad nada más que eso.
La soledad es un frío de pecho que no se va con nada
y que se puede embaucar de a ratos
hasta que llegamos a puntos como este:
vos
dándome cátedra sobre la política nacional
con disimulado aire paternalista
yo
encendiendo un cigarrillo para no encender la molotov que llevo dentro.
Callo y pienso cómo vamos a hacer
para deshacer esta pesada herencia
¿realmente es posible
un salto que no vaya de un lugar al mismo lugar,
que no te ubique a vos de nuevo, en un futuro
dándome cátedra pero ahora de autonomía femenina?
Pienso, gente hay para todo
en los lugares más insospechados,
almas que se ponen la gorra
que vigilan
que quieren marcar la cancha;
que están todo el tiempo
mirando a ver qué hace el otro.




Cuando llegamos a la plaza ya se habían ido todos.


Darse razones a uno mismo, 
darle todo el tiempo explicaciones al mundo,
autodefinirse cada dos palabras;
algo que se pone ahí
para que nos cuide de eso más grande,
monstruoso
capaz de arrasar
como un bombardeo inesperado
todo esto.




Los últimos años nos la pasamos entrando a esta plaza.


Vos, yo y tantos miles de hombres con sus mujeres del brazo
siempre dispuestos a explicar todo
a decirnos qué conviene comer, tomar, 
hacia dónde ir a buscar reparo en caso de alguna eventualidad.
Y yo que no suelo esperar ninguna orden
pienso
cómo va a ser posible un cambio en esta área
tan sutil
si no es agarrándose a piñas cada vez
que alguien pretende decirnos cómo son las cosas
cosas que podemos ver con nuestros propios ojos;
entonces quiero subirme a esa columna de luz
para poder ver el diseño completo
como qué va a pasar con nosotros
o fantaseo que voy al baño químico y aprovecho
para escabullirme entre esas hamburguesas 
grandes y perfumadas que me llaman,
el corazón emocionado porque hoy habla Ella
llorando por todos los amores que se han ido,
que se han muerto en su vida, en la mía
y en las vidas de todos nosotros
tanto por hacer aún
y no se sabe por dónde
y está todo minado.




Y vinimos a la plaza solos y nos vamos solos.


Porque entre la multitud
vos y yo, dos mucosas agitadas
haciendo algún tipo de sinapsis imperfecta
pensando un poco mal uno del otro
desde esa habitación individual donde solemos refugiarnos.




Es como si hubiéramos armado una plaza para decirnos eso.


Queremos demostrar que lo que había no se ha roto.
Pero terminamos demostrando que aunque pareciera que algo se ha deconstruido,
pervive aún en quien cree que ya no opera.
Es tan difícil ver la asimetría que uno protagoniza. 
Miles de colectivos en la nueve de julio
chicos y chicas re lindas con remeras apretadas y banderas
cordones de seguridad
infinitos puestos de comida humeantes
gente sonriendo, gente agitando
gente inventando consignas pegadizas,
la señora que canta monocorde en su megáfono 
desde los años 90; 
dijimos –vamos a la plaza,
como ya sabiendo
ver algo al fin que se estaba negando.
Vos con tu barba un poco larga
yo pura mueca
envuelta en mi pañuelo multicolor 
tomando cerveza y fumando
me pongo inquieta, muevo mis patas, relincho
me pudre que me den lecciones.




Esta plaza se vacía y se llena a cada instante.


Hoy sos vos
mañana
será otro
una cosa es compartir 
y otra ponerle play al disco que se creyó superado.
El sonido de tu voz te ha hechizado
y yo te estoy dando energía con mi atención
así que soy bastante responsable
de este subidón de tu ego
pero
¡a veces me siento tan cansada!
claro;
a quién no le gustaría que todo fuera de otra manera
que los resultados hubieran saldado a nuestro favor
y conservar la química suficiente para carbonizar cualquier amenaza 
y sí, se sabe
hay que juntar fuerzas para arremeter de nuevo
esta vez sin tanto error
pero a veces llega el momento de la merma; 
es bueno observar las condiciones
ver lo que uno tiene que ver
sin entrecerrar los ojos, de una vez 
y después bajando por Bolívar
irse despacio, a solas.




Cuando uno arma un diagrama
luego hay que sostenerlo con cada acto.                                                                                                 


Elegir el lugar que nos corresponde en una multitud
el lugar adecuado
cerca de todo lo que necesitamos
lejos de lo que queremos mantener a raya
entre todas las personas de CABA y Gran Buenos Aires
vos 
yo
abrigados y rebosantes de sentimientos populares
las manos golpeando al aire en ese estribillo
sacarte del carril en que venís es muy difícil
casi imposible a veces,
y tampoco es divertido jugar a desestabilizarte todo al tiempo
siento que tampoco logro hacerme entender
y me frustro;
pienso que para cualquier crecimiento es necesaria una base en común
y estar de acuerdo en los puntos fuertes
desde dónde empezar a construir un proyecto viable
pero: ¿cómo saberlo si no es con el correr del tiempo?
Al principio todos son sí
las partes quieren encajar y la inercia las lleva a coincidir.


Ah, si pudiéramos adelantarnos
traer los acontecimientos que vendrán, al presente
saber que necesitamos esforzarnos más
para que los reveses no nos tomen desprevenidos.
Creímos que estábamos haciendo algo distinto
pero solo reproducíamos, reproducíamos
un chico explicándole el mundo a una chica
discursos ajenos posándose sobre nosotros como una sábana 
que flota un momento antes de cubrir la cama.





Cuando llegamos a la plaza
ya sabíamos lo que se venía.                                                                                                                         


Fue raro entrar con vos, hacerse un lugar entre los compañeros y compañeras
no dejar de maravillarse por la alegría
que genera tanta gente junta
sangre, piernas pateando, brazos que se agitan.
Y nosotros siendo dos
girando enfrentados como en un ring de sumo;
tu gordura
mi gordura
inmensos los dos
en bolas, midiéndonos
dispuestos a asfixiarnos y oprimirnos
como si no hubiéramos aprendido nada.




Así como vinimos a la plaza
así nos vamos a ir.


Que nos vuelvan a caer a golpes los mismos actores
tener miedo de las mismas pavadas
descubrir que no hemos podido                                                          salir del rectángulo de césped que nos han destinado.
Cómo se puede medir
lo aprendido 
por una pareja
por una persona
por una sociedad.


¿Acaso somos víctimas de algún engaño que no sea el propio tejido hebra a hebra de nuestra negligencia?
No, estaba ahí y no quisimos verlo
por tontos, por ciegamente enamorados.




Las cosas terminan como empiezan.


Una marcha por una persona desaparecida
termina con gente presa.
Vos y yo empezamos deslumbrados
y terminamos encandilados.
Hablás de una cosa
y yo estoy hablando de otra,
nunca fue tan clara la distancia,
ni generó tanta grieta.
Aun entre nosotros que nos creíamos 
en estado de excepción como todos los enamorados,
ahora entre los bombos y las bombas
escucho cómo hilvanás las palabras en el aire
y en un correlato mental, tipeo:
–qué pasa con el amor cuando no alcanza para salvar nada?
–qué pasa con el amor si no puede parar el desastre?
Aflora mi militancia juvenil en épocas de Chiapas y Cutral Có:
“Cierta dosis de ternura, con su necesaria dosis de plomo”
pienso: 
Los mismos caminos nos llevan a los mismos parajes.
pienso:
No caminar por la cancha que marca el enemigo.
pienso:
Seguís estando lindo con esas luces rosas detrás,
los ojos oscuros brillando de fanatismo pedagógico,
pero ese no es el tema.
La belleza del candidato no es el tema.
Hacer una linda pareja o lo favorable de esta foto
no es el tema.
El tema acá es no caer en lo mismo
sin ni siquiera darnos cuenta.


Celeste Dieguez, La plaza, Malisia, 2017.

























domingo, 22 de octubre de 2017

SANTIAGO





















Al comenzar el día 22 de octubre recopilé distintos textos que poetas de diferentes puntos del país publicaron en las redes sociales desde la desaparición de Santiago Maldonado, el pasado 1º de agosto, y sobre todo en los últimos días, al encontrarse su cuerpo en el río Chubut. Al difundir esa primera recopilación, me hicieron llegar nuevos poemas que decidí agregar a los anteriores. Agradezco los posteos de Maritza Kusanovic y Carolyn Riquelme, a los poetas que me enviaron sus materiales, y a Bruno Di Benedetto, Juan Carlos Moisés, Miriam Tessore, María Gabriela Moreno, Priscila Vallone, Gabriela Goldberg, Rita González Hesaynes, Marcelo Gobbo, María Inés Cantera, Damián Lamanna y Dany Aráoz Tapia, que generosamente aportaron textos de otros.

Los poemas pertenecen a Silvia Castro, Rita González Hesaynes, Carolyn Riquelme, Gabriela Yocco, Beatriz Vignoli, Jorge Spíndola, Pablo Méndez, Lucas Margarit, Laura García del Castaño, Gustavo Caso Rosendi, Bruno Di Benedetto, Sandra Escobar Ginés, Julián Berenguel, Estela Zanlungo, Ezequiel Zaidenwerg, Carlos Ríos, Eugenia Simionato, Gerardo Burton, Silvia Rodríguez Ares, Damián Lamanna Guiñazú, Jorge Figueroa, Silvina Vuckovic, Marcelo Gobbo, Rafael Urretabizcaya, Eduardo Espósito, Raquel Jaduszliwer, Carolina Biscayart, Antonio Gutiérrez, Eliana Sol Cossy, Patricia Morante, Melisa Costa, María Inés Cantera, Cecilia Carballo, Bruno Cappello, Silvia Urtubey, Rafael Gabino Britez, Dany Aráoz Tapia, Hugo Luna, Cecilia Fresco, Lautaro Vasiloff, Graciela Rendón, María del Carmen Kril, Alicia Rodríguez da Fonseca (Alipez), Donata Paz, Fernando Gabriel Caniza y Mariela Laudecina.

JUSTICIA POR SANTIAGO MALDONADO.







el indio invisible
agradece a los presentes
la preocupación
y ruega por favor
tengan a bien colaborar
con la aparición de uno de ustedes
quien con total gentileza
ha donado su visibilidad
al bien común
en lo posible vea
usted señora usted señor
de Lejos de Lejísimo
finito vea
hasta acá lejos
grítelo fuerte
hasta que lo vuelva a ver

Silvia Castro (de Fisque Menuco/Roca, vive en CABA)









Antígono

Para que no lo trocen y devoren
los perros de la noche,
llevas horas sentado junto al muerto.
Quieta, bajo la manta,
hay una forma que se te parece.
Alguna carne amada respiraba y ya no;
oliste los fusiles desde lejos,
te laceraron golpes cuando te lo dijeron.

Por todas partes ríe un ángel de crueldad.
En cada cruz envaina sus espadas
y su fuerza es la bárbara lengua de la ley.
Mil alas, dos mil ojos, quién sabe
cuántas garras ostenta. Hay manos
que lo aplauden como si saludaran al vecino,
hay bocas bondadosas que celebran
su bota en la garganta. Se les promete paz.
La paz del cementerio florece
entre obedientes huesos.
¿No la deseas acaso?
Y sin embargo hieden
las greñas del muerto que custodias
como si aún esperaras justicia
en la ciudad.

Desde el río, susurros, y vienen a buscarte.

¿Qué palabras le arrancas al cadáver?
¿Hay noticias? Sin duda un enemigo
se acerca. Alrededor informes,
negociados, jerarcas,
la inmunda sinfonía de los vivos.
No la oyes. No la quieres oír
ni despegas la vista
de aquel que no despierta.

Que no te roben
tus últimas verdades,
esa sangre que hierve todavía.
Gruñen, a tus espaldas,
los perros de la noche.
Ten cuidado,
que tienen infinitos estómagos.

Rita González Hesaynes (de Azul, vive en CABA)









que el corazón de tu libertad

el que acompañó a los hermanos 
en la ruta/ a los que abrigaste/ y te 
abrigaron/ los que te 
buscaron/ los que dijeron 
quién sos/ para siempre

que ese corazón

sea en nosotros

Carolyn Riquelme (de Bariloche)









Debería llover toda la lluvia ahora
llover sobre el campo / sobre las montañas
llover y llover
que el cielo se cubra de un negro mortuorio
que parezca un sudario el cielo
que su azul mentira se olvide por días y por días
que se lave el mar
que la tierra desbarate sus terrones
debería llover hasta gastarse la lluvia 
hasta que nos queden pálidos los huesos
hasta que se camufle el llanto para siempre
debería llover y llover
que los pájaros aprendan la urgencia del nado
que los peces no distingan océano de nube
que la lluvia en su lloverse pierda el sentido de caer
que flote la lluvia
que confunda los ríos
que atragante alcantarillas
que hunda todo / todo lo devore
y después
cuando el mundo esté limpio de ceniza / polvo / asesinos
y otras miserias geográficas
después
que vuelva él
y diga madre no te apenes / encontré refugio del agua y otras bestias
ni la lluvia ni ellos 
me han tocado

Gabriela Yocco (de Alta Gracia, vive en CABA)









Rey ahogado 

No puedes con el peso de lo perdido:
tarde, ahogado comprendes lo sólido del agua.

Entre sargazos, algas negras, sombras
del puro tiempo, mudos peces pensantes,
vetas de mármol falso te sostienes.
En la onda expansiva giras, flotas,
amargo satélite de las quillas.
Muerto entras en la ciudad, 
entra tu nombre sin tu cuerpo.
¿Ves las luces
detrás de tu mortaja transparente?
¿Soñarás algo? ¿Sufres transformaciones
en tesoros extraños?

Tarde habitas, comprendes lo sólido del agua.
Se ha vuelto blando el tiempo, ahora que no pasa.

Beatriz Vignoli (de Rosario; dedicó a Santiago este poema de su libro Bengala, Bajo la Luna, 2009). 








(matria mía, ñuke,
que dolés así
ahora
acá

todo tu nombre es el nombre de él
boca adentro
no hay palabra, ñuke, 
que pueda yo decir

ahora acá
un cuerpo azul de frío
no descansa en paz
arde de agua y soledad

quema 
todo lenguaje
que no sea su dolor 

la ternura pide
un silencio que hable más

un no lenguaje
de palabras
sino cuerpos temblando
junto a vos

ñuke madre, 
mapu azul de llegar
todavía

somos cuerpos 
temblando junto a él 

ningún perro 
venga morder este dolor)


Jorge Spíndola (de Comodoro Rivadavia, vive en Valdivia)
(Gentileza de Carolyn Riquelme)









Un cuerpo es y no es
Lo roban, lo mienten
Lo mencionan, lo tironean
Lo transforman en río
En máscara de escarcha vencida
Caducan los dibujos de su piel
Sus párpados enlozados
Sus ojos de agua
Su ropa lavada con la saliva de las hienas
Un cuerpo es y no es
Pero será
Para siempre
Una constelación en la memoria

Pablo Méndez (de CABA)









el camino de Santiago

fuera de toda imagen: el agua,
la montaña y el peregrino entre las bestias

su bastón de aire y
el último paso entre los truenos y los salmos

se detiene
vuelve a empezar la senda de los perdidos
se detiene
en la imagen invertida del alba

¿dónde está el canal de los conversos?
¿dónde está la huella que nos lleva hasta el centro?
¿dónde están las marcas de los peregrinos oxidados?

¿dónde está el camino que nos lleva hasta Santiago?


Lucas Margarit (de Buenos Aires)









Así ha sido toda la vida
así es ahora
un día arrojado para voltear a un hombre
y a ti sólo para despeinarte
Luces un espléndido rasguño sobre el rostro
Otro un corazón de hierro
Una bondad ortopédica 
un tubo de oxígeno,
un ojo de vidrio, la calvicie de una peste
el áspero talón de quien anda por el monte
el cayo de la música
el titilar de un párpado vencido por la máquina febril
la espalda tirante de cargar lo contrario
o tan sólo el moretón
que descubres vistiéndote
y cuyo golpe desconoces
Pero hay quienes no lucen nada
Ni curvatura en la sombra
ni polvo entre los dientes
ni cabellos que se parten al mínimo roce.
Ellos exprimen la fruta sin volcar una gota
Hacen el amor ciñendo los cuerpos
Exigen castigo con la mano del delito
Andan pálidos, súbitos, a sangre fría
Sin prender ningún fuego, sin sonido de motor, sin sudor,
casi verdaderos,
muertos de quietud, de escepticismo

Laura García del Castaño (de ciudad de Córdoba)









Acá estoy, sin estar.
Este es mi cuerpo, cobardemente
entregado por un Estado asesino.
Tómenlo y beban todos de él.
Porque este es el cáliz
de un país que no se va a rendir.
Sangre derramada
por una alianza perversa,
sin ningún tipo de perdón.
Hagan justicia en conmemoración mía.

Gustavo Caso Rosendi (de Esquel, vive en La Plata)









Cada vez que abras una canilla
en Rawson
en Trelew 
en Puerto Madryn
en Gaiman
en Dolavon 
en Dique Ameghino
en Las Plumas
en Los Altares
en Paso del Sapo
en Piedra Parada 
en Leleque
brotará agua del río de la muerte
del río de la infamia
del río del dolor.
Lo sepas o no lo sepas
de esa agua estás hecho.
Te guste o no te guste
de esa agua has de beber.

Bruno Di Benedetto (de Avellaneda, vive en Puerto Madryn)
(Gentileza de Maritza Kusanovic)








Mira al río
y hay un cuerpo
arrojado
por una mano de muerte.

Firme
como una piedra
que conoce
cómo es la vida
o un árbol
que entiende de nidos,
un hermano espera
mientras
los días se quiebran
y pasan.

Los televisores
tiran zonceras
como un gendarme
disparando.

Pum, pum.
Vuela un pájaro.

¿La justicia?
Un animal salvaje
enjaulado hace tiempo.

Julián Berenguel (de Temperley)








qué

Eso
qué hacemos con esto
Con la ignominia
Con la salvaje humanidad que nos soslaya
y nos deja el aire
envasado
en preguntas

Sandra Escobar Ginés (de Paso del Rey, vive en Ramos Mejía)









Preguntamos

¿Alguien sabe qué será de la vida de Santiago,
si anoche durmió bien,
dónde pasó la tarde,
en quién pensó mientras trataba de cruzar el río,
si tiene un par de medias secas para cambiarse?
¿Alguien lo vio volver a casa,
prender el fuego para entrar en calor,
llenar la pava a la mitad,
tirar la yerba de ayer en una bolsa?
Dice mi madre que no hay cosa peor
que irse a dormir con los pies fríos.
Mamá,
un hombre solo frente a un ejército,
está desnudo para siempre.

Estela Zanlungo (de Temperley)









En los sauces en medio

Un cuerpo
no podría
no sabría 
remontar
el recurso
del río
el curso
de la ley

Nadie
no sabe
lo que no puede
un cuerpo

Ezequiel Zaidenweg (de Buenos Aires, vive en Brooklyn)
(Gentileza de Rita González Hesaynes)









Aparecer

pero no
pero nunca
pero sí y tampoco.
Aparecer así
tan muertamente,
tan justo ahí donde pasó la rastrillada sin ver nada
con la mirada perdida de cochina.

La noticia no dice pero dice, únicamente
“está suelta la bestia”
cebada
habilitada,
después sigue con que
adn, humor vítreo, huesos largos, agua helada.
Justo a nosotros que en Argentina
somos perito un pueblo entero
nos quieren explicar.

Te digo ya, sacudiendo la birome aquí a lo lejos,
se llamaba la vida la vida la vida y la vida, ese cuerpo
alias “que todos tengan”, a ese cuerpo nombraban
levitaba cuando hablaba de sus sueños, ese cuerpo
criaba abrazos en cada casa, ese cuerpo
engordaba un amor azul allá en su pueblo, ese cuerpo
se le enfría la comida por su familia ofrecida, a ese cuerpo sin vida.

Aparecer pero no
pero sí,
si es necesario,
todo lo que haga falta
vivir apareciendo.

Rafael Urretabizkaya (de Dolores, vive en San Martín de los Andes)









No presenta golpes

No presenta golpes, dicen, ¿pero
el corazón, los corazones que laten
todavía en ese cuerpo alisado por el
río, crecido por el río, como una ma-
dre el río que abraza en esos brazos
líquidos esta memoria del que ya no
sonríe con nosotros y cobra, de im-
proviso, una presencia más vasta?
El cuerpo (que no deja de hablar)
no presenta golpes, dicen, pero
no se detienen a mirar las miles
de personas golpeadas, miles y
miles y miles de cuerpos gol-
peados, doloridos, sumergi-
dos, idos: hay golpes a la
vista, yo no sé, golpes
como del odio, yo no
sé, como si se empo-
zara en el pozo la
resaca, todo lo su-
frido, yo ya ni sé; 
en hielo la hon-
dura del río se
desborda, hay
golpes y gol-
pean, zanjas
del ojo loco
cuando bus-
ca, en el río
a oscuras, eso
que no presenta
golpes, yo no sé, 
y sí sabemos,
ya se sabe;
yo no sé.

Carlos Ríos (de Santa Teresita, vive en La Plata)
(Gentileza de Gabriela Goldberg)










En lo profundo de la sangre

Le tenías miedo al agua 
(no es fácil tocar el fondo), 
no hay mayor metáfora que el agua:
hogar de los dioses, hoguera, fuego que congela al que no sabe caer y precipitarse.
Querías ser rayo que parta todos los nombres.
Hasta los peces y las líneas de la corriente deben estar detenidos, sin heridas visibles 
en lo profundo de la sangre.

María Eugenia Simionato (de ciudad de Mendoza)









Avanzará la noche
sobre columnas de oro se yergue un paraíso
el costado mayor tiene a su vera un pozo
el costado menor quién lo sabría

rama del sinsabor ¿qué es lo que trae el río?
agua de desaliento, restos diurnos flotando

por columnas de oro descienden los pupilos del viejo paraíso
fieles a su deriva la corriente los lleva
al hondo y extendido caudal de la memoria.


Raquel Jaduszliwer (de San Fernando)









No fue en el Bajo Nilo de Cleopatra
ni en el tosco Rubicón de Julio César
ni en el Danubio Azul de los Strauss
No fue en el amarillo Yangtsé de Li Po
ni en el Nevá con brumas de Tchaikovsky
No en el Jordán polvoriento del Bautista
ni en el Guadalquivir de los condes mozárabes
Fue en el modesto Chubut
donde los alevinos de tus dedos
reclamaron tu nombre nunca muerto
No de emperador
ni de poeta
ni de músico
O quizás todo eso junto
como un signo de los tiempos que
te tocó vivir
Un rasguño velado en hojas y raíces
Cierta ternura avasallada
por las aguas antiguas
Fábulas que seguirá tejiendo
alguna machi en blanco y negro
expulsada para siempre
de los colores de Benetton.

Eduardo Espósito (de Buenos Aires, vive en Moreno)










Tahiel

Cuando el sol desaparece,
Santiago sale a caminar.
Uno, dos, trescientos pasos sobre tierra fría.
Es joven y le gusta andar vestido
con piel de ciervo.
Baila, come las raíces verdes,
hace brujerías
con flores, truenos y dibuja
al rey del lemu
–un indio que se llama Rucalhue–.
Tiene sed y encuentra las pisadas
del cazador.
El fuego no es amigo de los ríos
ni de los hombres
que bajan solos 
hasta la orilla.
Corre tras la piedra que se cae,
el brujo está desnudo.
Los golpes ya no duelen pero se congela
aquel lugar soñado.
Neltume, neltume,
ucun nompuehuenu,
quillon, quillon.
De la hierba surge una lechuza blanca
que suele aparecer
sobre los muertos.

Silvia Rodríguez Ares (de Mar del Plata, vive en CABA)









ese verano volvieron las mariposas
al final de cada atardecer saliamos
a despejar las chapas de los autos 
cubiertas por sus hojas, los simbolos
de una manada de alas abiertas al secarse 
las multitudes que cubren las calles 
ahora vuelven a casa y no hay quien pueda
encontrar descanso verdadero
para los que bailaron bajo el cuerpo de la derrota
ese verano volvieron las mariposas y nadie
recordaba el color del sol, la oscuridad 
en la que se habían marchado
cuando decidieron enterrarse en los muros
su pelaje debajo de las botas de los muertos
en la bocas cerradas de los vagabundos
en los huesos que los martillos aplastan
nadie recordaba el primer día 
en que todos los corazones habían anochecido
ese verano volvieron decididas 
las mariposas a liberarse de las tardes tristes sólo
la electricidad en el vuelo 
su arma absoluta
el equilibrio del viento y un color
tan cercano a la vida posándose en los cuellos de los pájaros 
apenas ardidos
por el sol terrible volvieron
y las veremos
recorrer cada columna de desocupados y madres 
con miedo las veremos libres 
como el aire sobre el río contaminado 
como la respiración que se arremolina entre los autos 
que en el corazón se incendian
volvieron
las mariposas y ya no 
será nuestro canto triste el que clame 
por quedarse para siempre
es el recuerdo 
del día en que la belleza decidió ocultarse
para que todos esperaran su regreso 
triunfales volvieron las mariposas porque somos 
nosotros dispuestos a la guerra
aquello que en el pasado todavía resiste

Damián Lamanna Guiñazú (de Ramos Mejía)









río arriba
no había nada
río arriba
agua de hiel
raíces
otra vez
los sauces casi verdes ya
otra vez
río arriba
dos veces
ahogarse
es el mismo
y no
arriba el cuerpito
tatuado o no
los ojos
del brujo
ya no ven
dónde
va el río
cuánto dolor
cuánto
mi amor
toda la muerte
a cuestas
río arriba
en las hogueras del río
no hay
consuelo
entre los sauces
raíces
de hielo y de este terror
que no cesa
de empezar

Gerardo Burton (de Buenos Aires, vive en ciudad de Neuquén)
(Gentileza de Priscila Vallone)










Introducción en clave histórica al poema De quién de Silvina Vuckovic

Hernán Pérez de Aldana vivió en Galicia en tiempos de la Cuarta Cruzada, entre 1158 y 1214. En ocasión de una serie enfermedad, prometió a la Virgen que si lo ayudaba con su salud la visitaría en Cataluña. Ni bien salió de la gravedad, emprendió el camino para cumplir su promesa. Tras el largo viajo llegó con su dolencia recrudecida y debieron instalarle una cama en un rincón de la Iglesia para que pudiese realizar su novena. Al llegar el 8 de septiembre, Día de la Natividad de María, la Iglesia se llenó de peregrinos. Uno de ellos, Guillermo, Duque de Normandía, que era sobrino del rey de Francia, decidió pararse sobre la cama de Pérez de Aldana para ver mejor las celebraciones. El enfermo solicitó buscara otro sitio a lo que respondió el duque, entre risas, que si supiera quién era no se incomodaría y que no le diera ocasión de hacerle sentir de verdad sus pies encima. Agraviado, Hernán de Aldana le juró que si salía de su mal, iría a tomar enmienda por la injuria recibida. Sanó y relató lo sucedido a su rey, Don Alonso, quien lo envió como embajador al rey de Francia para que fuese caballero y así, mejor considerado ante su propósito. Ya en Francia y frente a los grandes convocados, narró los hechos y propuso querella al Duque de Normandía. Una vez enfrentados, salió herido el Duque en la cabeza y el rey dispuso que con eso bastaba: que si moría, Hernán quedaba vengado y si escapaba le exigiría cumplimiento de lo que fuese. Mejorado el duque, se concedió a Hernán Pérez de Aldana que pidiese lo que quería y éste dijo al rey Felipe que, como su majestad llevaba tres flores de lis en sus armas, él pedía llevar cinco. Esta demanda disgustó a Don Felipe y le ofreció a cambio riquezas. Sin embargo, Hernán Pérez de Aldana aclaró que no estaba allí por riquezas sino por honores y, ante la reiteración de su pedido de las flores de lis, el rey de Francia se lo concedió diciendo:
–Yo te las doy, si bien maldonadas, es decir, contra mi voluntad.
Desde entonces, Hernán Pérez de Aldana cambió su apellido por el de Maldonado, en alusión a la frase del rey Felipe de Francia y fue el fundador de un nuevo linaje que portó cinco flores de lis en sus armas.

A partir de allí, el apellido Maldonado se extendió por toda la península ibérica, luego pasó a las Indias y a otros lugares del mundo.


De quién

Awka llamó el inca al suelo del indómito,
awka, dice, el enemigo que bautiza
y entonces awka, el indómito al tehuelche.
Araucania nombran desde el otro ojo,
entonces Araucania es lo salvaje.
Pero antes, che, antes, gente, 
antes del siglo XVIII
eran reche, hombre verdadero
y no había índices señalando filos.
Gente, de quién es la tierra.
Che, de quién es la mapu. 
El papel da posesión. La mapu
grita esclavitud. La mapu
entierra lágrimas y riega, con ellas y con sangre,
la estepa. Se seca
la humedad del aire bélico
con el aliento de los nombres y los cantos.
Se seca la piel, se dispersa
el espíritu del estado natural. Y nos llamamos
como nos llaman. Y los nombres
nos recrean, nos naufragan
en mares o desiertos 
de piedra. 
La mapu no era nuestra
cuando no había nosotros, cuando
la mapu no era mapu, ni tierra ni palabra.
La mapu no era, no era
porque parece que la realidad nace con che, 
con gente. La palabra trae
la vida a la boca. Y de la boca
se caen el honor y las verdades.
Verdad que nace en la raíz del suelo
no da brotes que puedan arrancarse.
De quién es la tierra, gente.
De quién es la mapu, che.
Dónde, hoy, es un dolor y un miedo, un por catalán, 
una bandera rasgada
una ausencia presente, que aturde.
A Pérez de Aldana, las maldonadas flores de lis
lo nombraron estigma de una lucha de honor
que no calla.
Dónde, hoy, es el nombre de aquello que nombramos
y no de aquello con lo que nos bautizan. 

Dónde, dónde, dónde. 

Silvina Vuckovic (de Mar del Plata)









Volviste en el viento azul de preguntas
en las flores sureñas del amancay
en las piedras enredadas de mosqueta
junto a un silencioso río 
no habrá pájaro que no te silbe
tu paso cansino era bandera
compartir la lucha con un mate
escuchar la montaña 
bajar en el polvo 
en el plato flaco de comida 
en los dibujos de tu piel
en la pregunta colosal del universo
ahí pusiste tu verso rapeado
rompiste tu voz contra lo impar
no habrá poemas ni discursos
tampoco la ruta olvidará tu nombre
el alerce conservará tus formas
delatará tu presencia eterna
tus ojos de golondrina querrán viajar
siempre migratorio vuelo
en el se hará el futuro 
serás camino en esta primavera que pariste
pasillo angosto para tanto sueño
hueco para cobijar el sol
para que mis lágrimas de padre
sean norte arriba 
por mi nieta hija del sur
una estrella brillará tu nombre
yo la miraré todas las noches
esa tremenda perplejidad
que se amontona en mi garganta
que junta ramitas para no llorar más fuerte

Jorge Figueroa (de Hurlingham)










Bahía Engaño

Un cadáver en el agua
durmió setenta y ocho siestas
antes de este despertar a la muerte
de despertar al río
el río sabe 
antes de volver a tener un nombre en los diarios
le quitaron nombre la vida le quitaron
él no perdió la inocencia 
no perdió su destino Sur
en casitas con techos de buena madera
bien calefaccionadas
donde guarecerse
donde cuidarse de su dignidad
y de sus pájaros
durmió setenta y ocho siestas
de olvido
de silencio de madre 
en el grito hacia adentro de la ausencia
de fotos erguidas en las manos
de noches frías de Cushamen
de multitudes 
de mentiras
de amor de hermano
y como todo cadáver
de nadie de nadie
de un río tal vez 
salvaje necesario traicionero útero de nuevo
el río sabe
eligió la ruta
con su cuerpo frágil y sus ojos limpios
limpios como el río
ruta cruzada por latidos
no por autos que sepan adónde se dirigen
un cadáver ¿sabrá algo de la muerte?
¿más de lo que sabía antes de ser un cadáver?
¿o el saber está mucho más alto que el límite de cualquier cuerpo? 
cuál es el precio de la muerte
¿acaso vida vida y más vida?
acaso las próximas siestas del Sur
donde el espanto sigue
haciendo su minuciosa tarea
sin ojos limpios de río
robando cuerpos menudos
que llevan livianos su verdad 
con pájaros e inocencia
siestas ahora miles de siestas
lejos del río
del río que sabe
y nunca acaba.

Carolina Biscayart (de Mar del Plata, vive en Bariloche)
(Gentileza de Bruno Di Benedetto)









Poema para Santiago

No estabas en Chile ni en Mendoza 
ni habías pasado a la clandestinidad
como algunos dijeron, tampoco eras
ninguno de los habitantes de aquel pueblo
donde todos se te parecían según las versiones.
Ni siquieras habías viajado al Medio Oriente
ni entrado en esa ya famosa peluquería.
Estabas de este lado de la tarde,
desapareciendo y renaciendo
a la vista de todos los verdugos
que no sabían qué hacer contigo a esas horas
mientras te ibas convirtiendo en héroe
en este país filicida, en esta tierra regada de mártires.
Más te asesinaban más renacías y te multiplicabas.
Ni el bárbaro Busiris ni el monstruo Gerión
pudieron con la fuerza que irradia tu nombre,
ni siquiera el dragón que custodia las manzanas de oro
o el cancerbero que fue atado a cadena de diamante
cuanto tu brazo lo llevó a conocer la luz.
Tu obra, tu lucha, tu hazaña,
son inmunes al fuego y a la disolución
y permiten que ahora exista el poema.

Antonio Gutiérrez (de Bel Ville, vive en ciudad de Salta)
(Gentileza de Juan Carlos Moisés)










Un poema para que aparezcas

¿Dónde está el Brujo?
¿Se quedó durmiendo entre los pinos que bordean el cerro?
¿Juntando hongos en la lomada que está detrás de la casa de Amelia?
No teníamos ventana en ese lugar
había fogón,
y estábamos un poco de prestado 
/para mí.
Para él todo era nuestro 
o de nadie.
Yo camino como si pidiera permiso,
él camina como si el dueño nos debiera algo.
Yo no creo en la magia, ni en los astros.
Casi que no creemos en nada
pero a destiempo del otro.
Casi que somos planos anómalos para los entendimientos cotidianos,
casi que dije te quiero sin querer
/porque conozco las diferencias,
y te veo entrar,
y me acurruco en tu brazo con un mapa,
si funcionó de excusa una vez, seguro funciona otra,
y otra.
Tomo el mapa para buscarte, brujo,
en qué camino andarás cortando manzanas para mí,
que le tengo miedo a la noche cuando cae sin luces permitidas,
y me apuro por miedo al tiempo que se pierde, y vos te parás para girar a la luna.
Ahora cierro los ojos y te veo bajando a oscuras el cerro,
mirando con tranquilidad mi impaciencia, contemplando con ternura mi temor a la oscuridad.
Dijeron de vos tanto de todo. 
No hablaron de tu ternura.
Yo quiero tu voz para que no sea verdad, para poder seguir creyendo,
porque si no volvés, 
si no volvés perdí y tenías razón,
si no volvés y yo vuelvo,
ya no voy a poder creer en nada.
La academia y mis dioses, las ciencias y sus aparadores, los congresos con sus certificados,
las proclamas&los santos
van a humedecerse,
se van a despintar las paredes,
las caras van a ser iguales/repetidas/mentirosas/de crepe y engrudo.
Si no volvés voy a tener que creer
en las pintadas anónimas, en la poesía. 
Porque si la poesía no sirve para gritar que aparezcas,
a esa poesía la rompemos a patadas
y hacemos una nueva que te encuentre,
y construya puertos para tu abrazo tibio.
Si no volvés,
y no fanfarroneás tus ojos,
y tus consejos sobre las plantas al costado del camino,
voy a tener que creer en hadas y brujos de cuentos libertarios.

Eliana Sol Cossy (amiga de Santiago Maldonado)
(Gentileza de Miriam Tessore, tomado de su blog EMMA GUNST)








Interpelación

–¿Se lo tragó la tierra?
–La tierra acuna.
–¿Lo sumergió el río?
–El río envuelve.
–¿Lo hizo volar el aire?
–El aire canta.
–¿Lo hizo cenizas el fuego?
–El fuego abriga.

El brujo nos dice que el viento,
el agua, la mapu,
el sol no tragan, ni sumergen,
ni hacen volar, ni convierten en cenizas.
Sólo acarician con amor.
El brujo nos dice
que el calor busca habitación
en nuestras miradas, 
el aire es un silbato ancestral,
suave y firme en los oídos,
en nuestras venas el río nos empuja
hacia el próximo paso,
la tierra late desde nuestros pies
al centro del pecho,
del centro del pecho
a nuestras cabezas
y vuelve una y otra vez,
y así nos sacude la palabra
nos sacude
nuestra pregunta de cada día.
¿Dónde está Santiago Maldonado?

Patricia Morante (de Morón)
(Gentileza de María Gabriela Moreno)








Río arriba
dolor
que cala los huesos.
La tele prendida
pantalla
de buitres al acecho
agentes
de las mentiras
manchadas de sangre
del gobierno.
Ochenta días
angustia
preguntas
testimonios
pruebas evadidas
asesinos
encubiertos.
Un presidente
y sus lacayos
que nos quieren callados
atropellan
y después 
ensucian
la lucha
incansable
de pueblos
originarios,
junto a un ministro
defensor del terror
de torturadores
y desaparecedores
responsables
de una nueva
desaparición.
Un luchador
que en su casa
no se quedó 
que en la injusticia
no se calló 
no nos quedemos nosotros 
que hoy somos fuego
ardamos 
venguémoslo.
Algunos dicen
que esperemos
que no salgamos 
que nos guardemos,
eso quieren
los de arriba
para sembrar
su propio veneno.
Hoy
los corazones
no se calman,
galopan.
Las calles 
son de nosotros 
las urnas
son de ellos.
Ochenta días
temblamos
de miedo,
esperamos
desesperamos,
lo gritamos
lo lloramos
nos desarmamos
nos armamos.
Que ahora
tiemblen ellos.


Melisa Costa 
(Gentileza de Priscila Vallone)











Santiago poema urgente

En algún momento pasaría
lo sabíamos
pero no podíamos dejar de preguntar
dónde está santiago maldonado 
era esperanza 
era saber que podías andar todavía en este mundo
con vida te llevaron con vida te queremos
pregunta que se hacía por tu vida
no por tu muerte,
ahora que las hienas
y los buitres de la oscuridad
devuelven esto que no sos
y nos roban hasta lo primero que escribíamos
al levantarnos en el feis,
solo queda silencio
como cuando dijeron apareció un cuerpo flotando
por horas fue silencio 
palabras se pusieron negras o rojas
ese tiempo fue eterno 
enmudecimos
no fuimos más decires
solo caballos desbocados
remolinos del desierto
Voy a contarte algo: una vez leí una novela 
de muchísimas páginas, 
cientas, 
cuatrocientas
quinientas 
una que presté y no me devolvieron 
una joya de las que ya no se consiguen
nunca me olvidé de esa novela
siempre quise saber por qué había llegado 
a mis manos
por qué nunca volvió,
había un chico que tenía una loba en la novela
cruzaba la frontera de EE UU a México para salvarla
querían cazarla
él recorría la frontera, caminando, porque la amaba;
sé ahora que las 500 páginas pueden resumirse en una frase,
que el libro entero es esa frase inolvidable
la loba agoniza y entre otras bellezas
que galopan los renglones
el chico le dice: el mundo no puede quedarse sin vos
y eso me sale a mí ahora
robarle a esa novela su poesía,
como si hubiera sido escrita para que yo te lo diga esta noche
como si la hubiera leído hace años solo para decírtela ahora
ahora que quieren robarte lo imposible, tu alma
mi corazón lector esta noche te regala esa frase de novela 
el mundo no puede quedarse sin vos Santiago
cruzaste la frontera
cruzaste todas las fronteras
y ahora todos estamos esperando algo 
y así nos hemos quedado
sin voz
y sin vos
tus amigos mapuches
dicen que tenés mucho
nehuen, 
bese ahora
tu alma volandera
la savia que corre en tus tatuajes
la que no podrá borrar
la noche de las hienas, aunque quieran convencerse,
en eso creo ahora más que nada 
no en el rezo de las hienas
no en falsos perdones
no en caras de abuelito dime tú,
en tu alma que ha de ser volandera
como vos 
viajera
que reciba
este río de amor
el que atravesó la mitad de un país
el que por días te buscó
gritó 
preguntó,
que ese torrente
o caravana del desierto 
es el abrazo de los que están de este lado del país,
sé que no va a cesar en los días que vendrán
será el guardián de tu viaje, de tu vida corta
rosa roja terciopelo
hasta que tus asesinos
todos
los que se cebaron con tu sangre libertaria
los que dieron la orden
los que encubrieron esta tu muerte del cuerpo con mentiras
hasta que todos hasta que ninguno pueda dormir en paz sobre esta tierra,
demasiado lejos han ido en un camino des almado
y no podrán sostener 
el bosque en luz de tus ojos pardos
basta que miren tus fotos
frondosos salvajes y mansos
estos tus ojos pardos
el río que se escapa de ellos a borbotones
que interpela
no podrán sostenerlo
ojos de vos
que ningún asesino podrá mirar
entre sus órbitas vacías,
ahora que no sabemos donde estás 
y sí sabemos,
a tu nehuen
ahora,
a tu río, savia que corre entre montañas
valles praderas yuyos sanadores
no sabemos que decirle
tal vez solo gracias
tal vez perdón por la herida infinita
¿hasta la victoria?
marichiweu 10 veces, 100 veces, 1000 veces venceremos, 
no lo sé
lo que sé es que me quedo corta
como si no hubiera frase posible verso
entonces vuelve la novela que perdí
con el permiso o sin el permiso del autor 
arriesgo en la frontera entre mi vida y tu muerte entre mi muerte y tu vida
solo una voz que es como de hojas que crujen
y te nombran:
el mundo no va a quedarse sin vos 
Santiago Maldonado 


María Inés Cantera (de Viedma)
(Gentileza de Priscila Vallone)









Bajo la húmeda tierra
de la cosecha
jamás querremos escaparnos 
de tus luchas
porque son la resistencia
del mañana que 
espera.

Santiago en la noche
tenemos la esperanza 
de tu aparición 
aunque sea herido
nos des una mirada 
con alma.

Cecilia Carballo (de Ituzaingó)









Esta es la grieta

De niño a brujo, máquinas pulenta
de hacer leer asombros, almanaques
señalan desmemoria, y los achaques
al cuerpocorpus llueven sin tormenta.
Las otras cruces: cánones someros,
que cada unx hace a su idea,
rechazan colectivo y asamblea
en pos de perpetuar su honor sin peros.
Vía libre al desguace y al vampiro:
es claro que la misma policía
te expulsa y te precisa sin amago.
De ahí y hasta el utópico retiro
de cada cual que llama herejía
a la herejía, nunca habrá Santiago.

Bruno Cappello (de CABA)













el cuerpo muerto del cuerpo vivo
no navega río sinuoso arriba
ni se clava en la dentadura de los sauces
así como la vanidad de una margarita
se reduce en minutos a su redondel amarillo

quién sería el otro cuerpo
si no fuera este muerto
que lleva en su bolsillo despojado
el plástico forense de su identidad

quién sería el otro cuerpo
a qué otro santiago adjudicarle
muerte tras muerte
todas las interrupciones de sus sistemas
y todas las mutilaciones de sus besos

mamíferos hiénidos carnívoros
micrófonos muérdagos carátulas
se lo comen se lo tragan
se lo niegan se lo hielan

yo tengo un hijo que lleva 
su nombre y su apellido
que nunca estuvo en mis entrañas
un hijo imaginario que revuelve la basura
para hurgarse a sí mismo en lo podrido

lo ayudo a quitar las arañas
de sus manos
y le tapo los ojos
para que no vea este rayo
esa bestia que le sangra
y estos descarrilamientos
que lo vuelven a matar

como cuando yo estoy muerta muertísima
fría y violeta después
de la mortaja de hierba
donde tuve que ver por la televisión
a mi hijo hambriento
todavía sin su acta de necropsia.

Silvia Urtubey (de Lanús, vive en Dina Huapi)









cómo suena un río cómo
suena la carne que aparece en un río cuál
es la humedad que la muerte deposita en el agua y qué
sirve de prueba ante el silencio el crimen la mentira

cómo suena un río seco donde
nada flota nadie muere nadie es
asesinado nada tiene forma color olor o vida salvo
la construcción del discurso la distracción
de las fotos la destrucción de la ética

cómo suena un río
ahora que el agua brota con cadáveres
fluye con sospechas y salpica con dolor
ahora que el cuerpo es letra y bisturí
se niega y habla en pasado

ahora que crece y moja las orillas los ojos las gargantas
las primera planas de los diarios que no pueden
amortiguar el ruido
cómo suena
cómo
suena

ruge
ruge contra el silencio
el crimen
la mentira

contra los insultos
las burlas
la desidia
la injusticia

así suena un río
suena a sí
suena a sueños rotos
y a pesadillas cumplidas
pero también
suena a vos
y a mí.


Marcelo Gobbo (de Buenos Aires, vive en San Martín de los Andes)









Ñuke

En ronda cósmica
la Mapu va buscando
al hijo ausente.

Dany Aráoz Tapia (de San Miguel de Tucumán)










para no ser devorados por la negrura de estos días
marchamos con tu nombre 
a renacer bajo otro sol
a bailar con la luna

no queremos tu nombre asociado a la tristeza
aunque ahora nos invada
con la música de un dolor ahogado 
debajo del silencio

crudo destino 
caminos desolados
ardientes amores perseguidos
no saben de derrumbes ni pesares

nos llega la música de un dolor sagrado
labrado en el silencio
piedra de toque
memoria del azar y la distancia

no asociaremos la tristeza con tu nombre
¿quién cantará la caída final de esta ciudad en ruinas?

Rafael Gabino Britez (de Almirante Brown)










No sabemos 
Salvo la lluvia 
La ñata contra 
En un azul de frío
Ignorada canción popular
Aludida en el clamor 
El no saber repite un nombre
Vemos 
Por esos ojos 
Ahora tiritando para siempre
Eternizados en el hielo de la desaparición
Son tus ojos, Santiago
Enredados en la barba feliz
Crecida de futuro
Ese tiempo tendremos que
Aprender a conjugarlo
Hasta saber que has vuelto 
A abrazar tu amor de siempre
Tu corazón en nuestros corazones
Tu latido en el latido del viento

Hugo Luna (de Concepción del Uruguay)









La sangre que cae a un río, al río 
se mezcla con el cauce
se distribuye, fluye
baja en el agua
recorre las distancias.
La sangre que cae a un río, al río
se expande, prolija
toca la orilla, tiñe 
su camino de rojo
ingresa en otros cauces.
La sangre que cae a un río, al río
alcanza el lago
los embalses
entra en las cañerías
es sangre que tomamos.
La sangre que cae a un río, al río
llega hasta el mar y sube 
hasta las nubes altas
llueve sobre este mundo 
nos devuelve mojados.
La sangre que cae a un río, al río
ya no puede enjuagarse
ya no puede borrarse
para siempre está viva
y no desaparece
la sangre derramada.

Cecilia Fresco (de Bariloche, vive en Villa la Angostura)









Cifras 

A 409 metros
debajo delos sauces
en al gua 
a cinco grados de ausencia
cuando un millón de hectáreas de injusticias
y cincuenta gendarmes
a veintiocho años de un sueño
y un puñado de peñis 
a setentinueve días de lagrimas engaños
y pecho apretado
una lluvia de fotos de tus ojos
diez mil cobardes en los medios
y un solo dolor que es el de todos 
por una eternidad sin olvidarte 
todos los ríos llevaran tu nombre.


Lautaro Vasiloff (de Berisso, vive en Valencia)









Soy muy concreto.
No me pregunto
cómo me verían mis muertos queridos
si estuvieran aquí,
cómo me verían desde otro plano,
cómo celebrarían mis alegrías,
cómo me consolarían en altamar.
Si me lanzo o me detengo
nunca creo que su energía participe.
No escucho sus voces
cuando estoy al borde del tropiezo.
No veo sus ojos en las miradas de la calle.
No me llaman desde ninguna estrella eterna ni fugaz.
Entiendo que los muertos se han ido
a ese lugar sin nada que no me atrevo ni a leer.
Entiendo que los muertos no tienen domicilio, no tienen deseo, no tienen lluvia,
no tienen batalla, no tienen paz.
Con los vivos, en cambio,
hay pasos que me guían,
palabras que me visten,
mañanas que me salvan.
Entre los vivos hay camino, hay remedio,
hay preguntas, preguntas, preguntas
que no dejan de latir.
Soy demasiado concreto.
No tengo otra dimensión.
No tengo otra instancia.
No tengo otro refugio.
No tengo lugar para el no están,
para el no tienen entidad,
para el ni vivos ni muertos,
para el no descartamos ninguna hipótesis,
para el algo habrán hecho,
para el no te metás,
para el están desaparecidos.
No tengo lugar para el lugar sin nada
cuando no hay respuesta.
Por eso me pregunto qué sentirían si estuvieran aquí.
Por eso escucho sus voces,
defiendo sus deseos,
me salvo en sus mañanas.
Soy extremadamente concreto.
Por eso reclamo justicia. 
Por eso pregunto, pregunto, pregunto. 
Por eso entiendo que la vida es la única respuesta
cuando no hay otra respuesta.

Sebastián Olaso (de Buenos Aires)









El mismo problema la misma estética

La voz del desaparecido siempre está en el aire
hemos vuelto a la temperatura donde alguien 
se evapora en el caldo sobrecargado de la historia
donde la sintaxis cubre la impunidad
las verdades cambian pero la realidad es una:
nunca el poder se hace cargo de sus muertos

otra vez los frutos turbios en la mesa 
otra vez los pájaros de mal agüero 
otra vez fusiles contra piedras 
y los inocentes pagando con sangre el espectáculo

vamos imperceptiblemente cayendo en la trampa
la tarea del enemigo es dividir al enemigo
camuflarse en el paisaje de la sospecha
arrojarse los muertos en las veredas mutuas
como si un cadáver sembrado en las ideologías
fueran armas de la dialéctica en ese diálogo de sordos

hay una voz que falta entre nosotros: 
la voz acusadora del desaparecido está en el aire 
no vaya a ser que nos señale como cómplices 

Daniel Martínez (de Bahía Blanca)









Cuando más duele, entonces más poesía

¿Donde estás Santiago Maldonado?
¿dónde estás querido mío
con qué uniforme en aguas húmedas te secaron
con qué birrete y cachiporra
la sed te llenó de agua?
¿serás o no serás vida mía?
vidita de los que te reclamamos
danos una seña, un guiño, una ayudita

No se puede andar muriendo
con tanta vida.

Dónde estás amigo, amigazo, compañero, compadre
con qué uniforme verde te momificaron
con qué uniforme estiercol
te hicieron estampita.
Te prendo una vela todas las noches
querido nuestro
para que me des las ganas
de no odiar de cada día.
Es un esfuerzo te digo, ¡eh!

porque eso de andar muriendo
de verdad o de mentira
no se hace.
Vení volvé quedate
autorizá la veda de la busqueda infinita
esa costumbre infame
de los depredadores
que antes fueron almirantes generales
y hoy son urnas del color de la inmundicia.

Es que no se puede andar muriendo
con tanta vida.


Graciela Rendón (de Buenos Aires, vive en San Martín de los Andes)










En ese lugar anochece

Quién asistirá tu risa,
el cuerpo enramado, 
los ojos hundidos en el agua tormentosa? 
Quién en la historia vendida 
firmará, 
anclado el nombre, 
en el festín de los grandes? 
Quién, a pura suerte, 
enmascarará los rasgos de la gloria 
y dirá para siempre 
el que fui seré 
como la estrella que flota 
disfrazada de infinito? 
Así te acompaño 
y no hay balsa para tu respiración 
y no hay manos familiares 
y es injusta la respuesta 
enramada 
vendida 
anclada en tus huesos 
como el grito tormentoso
y ya no hay más.


María del Carmen Kril (de Olivos)










A gritos

                                     pido

                                             una cuerda,


                    A gritos


                                  un vagón


                                                  donde dormir en invierno,

            
                 Soplar y hacer botellas

      
                          insulto la mañana


                                                        pido una cuerda,



                 Ya perdí

                                el deseo de la lengua


Alicia Rodríguez da Fonseca (Alipez) (de Buenos Aires)









Ahora que eres rocío, 
me pregunto:
Qué verdores
alimentarán tu vuelo?
Qué semillas
acunarás en los surcos
a la hora de la sopa?
Qué aguacero 
lloverá de tus ojos?
Qué júbilo de ranas 
nos lastimará la retina?
Qué será del día 
cuando el sol
se haga pedazos
en la estrella de tu sombra?
En qué abejas tuyas
dormirá la tarde?
Me hurgo en el silencio
y tu voz trepa a las ramas...
Ahora que eres canto
y se nos rompe
para siempre
la ternura...
El hierro enfurecido 
querrá arrancar de cuajo 
las flores de tu sangre...
Entonces:
Para qué me sirve la piel?
Me quedo en carne viva...
Ellos creen que te han muerto
ahora que eres horizonte...
En esa lejanía 
me sigo preguntando:
Subirás por los romeros
para colgar la luna?


Donata Paz (de La Plata)

                               








ver más allá
                                     después de todo tú eres la única muralla si no te saltas nunca
                                                      darás un solo paso (L. A. Spinetta)  

ver más allá es una fuerza dispuesta
a propagarse en varias direcciones.
ver más allá es el don de una estrella joven 
con sus brazos irradiando en su expansión.
el portador de ese designio
asume un rol con más o menos conciencia:
cuando todo es nervio traza un mapa en la tierra
cuando algo se hunde escribe en el cielo 
cuando alguien se bifurca encuentra la dirección 
aunque a simple vista su puesto en el cosmos no esté alterado
aunque a simple vista no se perciba su estado volátil. 
puede generar un sistema propio, transcurrir 
con un tiempo interno, capaz 
de quitarse la marca de origen
de abrazar a sus iguales
para terminar con la desigualdad. 

ver más allá es tener el espesor de lo real 
saber que el cenit está lo suficientemente alto
para saltar más y más y más arriba 
darse cuenta que es posible avanzar
cuando otros languidecen 

y esos otros elevan
un ruego al universo, a la historia, 
que en toda fuerza colectiva 
aparezcan quienes encarnen, quienes entreguen 
su cuerpo al designio, contar las 
costillas a los poderosos, restablecer
algún equilibro en los sistemas. 

ir más allá es encontrarse con una visión
ponerse a salvo de simulaciones 
ir más allá es conectarse con el más acá
abrirse a otras experiencias

el dilema es hasta dónde se piensa llegar
hasta dónde se hace que la calma signifique
señales de renacimiento, un contacto
para sentir amalgama con el viento, 
aire fuerte que no sea un afuera.

la anomalía en este escenario es la vuelta 
a lo elemental, a lo que siempre
se pierde con los años
ese modo de acercarse a la raíz y a la justicia
aunque se pierda la vida en el intento.


Fernando Gabriel Caniza (de Buenos Aires)









Mi padre habla de sacrificio
madre asiente
Mi hermano dice que la desaparición de Santiago Maldonado
es un invento k
Yo miro por la ventana y veo
el cartel de San Luis, una ciudad feliz
a punto de caerse 
No sé qué decir, porque es mucho
No encuentro la flecha que los atraviese
y los deje sin palabras como yo, ahora
Me siento y no los miro
Leí una vez que el silencio se acumula 
y se convierte en una fuente de energía para hacer otras cosas
Eso, sí puedo.

Mariela Laudecina (de Mendoza, vive en ciudad de Córdoba)